Amar como mamá: lo que aprendimos sin darnos cuenta

Cómo aprendemos el amor mirando a nuestras mamás, qué mandatos de género heredamos y cómo revisarlos sin culparlas. Con estudios y datos de Colombia.

Madre e hija sonriendo abrazadas

Mucho de lo que creemos sobre el amor lo aprendimos mirando a nuestras mamás: cómo cuidaban, cuánto aguantaban, qué callaban. No se trata de culparlas, porque ellas también heredaron mandatos, sino de revisar qué nos sirve y qué podemos soltar.

Información verificada a octubre de 2026.

Si estás en peligro ahora mismo, llama al 123. Para orientación gratuita, confidencial y las 24 horas, llama a la Línea 155. Si sientes que no puedes más, la Línea 106 del Ministerio de Salud ofrece orientación en salud mental gratuita y las 24 horas.

El amor también se aprende mirando

Nadie nos sentó a explicarnos cómo se ama a una pareja. Lo aprendimos en la casa: viendo cómo se hablaban nuestros papás, quién servía la comida, quién pedía perdón, quién se quedaba callada, quién tomaba las decisiones de plata.

La investigación respalda esa intuición. Dos estudios clásicos lo muestran:

  • Un estudio longitudinal de Rand Conger y su equipo, publicado en 2000, siguió a 193 jóvenes desde séptimo grado hasta sus relaciones de pareja como adultos jóvenes. Encontró que una crianza cálida e involucrada se asociaba con que esos jóvenes trataran a sus parejas de forma más cálida, solidaria y con menos hostilidad.
  • Paul Amato y Alan Booth estudiaron durante años a 297 padres y a sus hijos casados, y publicaron en 2001 que los conflictos en el matrimonio de los padres se relacionaban con más conflicto y menos armonía en los matrimonios de los hijos. Los comportamientos de los padres que más se asociaban con problemas en la siguiente generación eran los celos, ser dominante, enojarse con facilidad, criticar, tener cambios de humor y no hablarle a la pareja.

Ojo: esto habla de tendencias, no de destinos. Haber crecido en una casa con peleas no te condena a repetirlas. Pero sí ayuda a entender por qué a veces reaccionamos “igualito a mi mamá” o “igualito a mi papá” sin quererlo.

Por qué hablamos de las mamás (y no para culparlas)

Hablamos de las mamás porque, en la mayoría de nuestras casas, fueron ellas las que estuvieron ahí todos los días. En Colombia, según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del DANE (2020-2021), las mujeres dedicaban en promedio 7 horas y 46 minutos al día al trabajo no remunerado, frente a 3 horas y 6 minutos de los hombres. Ellas fueron nuestra escuela principal de cuidado, también del cuidado en pareja.

Pero nuestras mamás no inventaron esas reglas. La antropóloga mexicana Marcela Lagarde, en su libro Los cautiverios de las mujeres, llamó “madresposas” a uno de esos cautiverios. Dicho en sencillo: una vida organizada alrededor de cuidar a otros, como si eso fuera un deber natural y no una tarea que se puede repartir. Muchas de nuestras mamás crecieron con menos opciones de estudiar, trabajar, separarse o decidir sobre su cuerpo que las que tenemos hoy.

En Arde Guapa creemos que se puede mirar con ojos críticos lo que aprendimos sin convertir a nuestras mamás en villanas. Criticamos el sistema que les enseñó a ellas, no a las mujeres que hicieron lo que pudieron.

Lecciones que muchas aprendimos sin darnos cuenta

Estas son frases e ideas que se repiten en muchas casas latinoamericanas. No todas las oímos, y no todas nos marcaron igual, pero vale la pena revisarlas:

Lo que oímos o vimos Lo que pudimos aprender Lo que podemos reaprender
“Una buena mujer aguanta” Que el amor se mide en cuánto sufres Que una relación sana no te pide tragarte el maltrato
“Todo sea por los hijos” Que tu bienestar va siempre de último Que cuidarte también es cuidar a tu familia
Mamá sirviendo primero a todos y comiendo de última Que tus necesidades estorban Que puedes pedir, recibir y descansar
“No le cuente a nadie lo que pasa en esta casa” Que los problemas se esconden Que pedir ayuda no es traicionar a nadie
“Nunca dependas de un hombre” Que necesitar a alguien es debilidad Que la autonomía económica es clave, y que también puedes construir confianza y apoyo mutuo
“Si te cela es porque te quiere” Que el control es una prueba de amor Que los celos y el control son señales de alerta

El amor como sacrificio

Muchas vimos a nuestras mamás posponerse una y otra vez: el estudio, el descanso, la salud, los sueños. Aprendimos que querer es dar hasta quedarse sin nada. El problema es que esa idea se traslada a la pareja: damos más de lo que recibimos y lo llamamos amor.

El silencio como forma de mantener la paz

En algunas casas no se peleaba a gritos, pero tampoco se hablaba. Ella se callaba para no “armar problema”. Aprendimos que expresar lo que sentimos rompe la armonía. Reaprender es entender que el desacuerdo dicho con respeto no destruye una relación; el silencio acumulado, muchas veces, sí.

La independencia como armadura

Otras mamás, quizá después de un abandono o de una relación difícil, nos enseñaron a no depender de nadie. Fue una lección valiosa, sobre todo en lo económico. Pero a veces se vuelve una armadura que no nos deja pedir ayuda ni bajar la guardia con quien sí nos quiere bien.

Cuando lo que vimos fue violencia

Para muchas mujeres, lo que aprendieron sobre el amor vino de ver a su mamá ser maltratada. Eso no es un detalle menor. La Organización Mundial de la Salud incluye haber presenciado violencia familiar y haber sufrido maltrato en la infancia entre los factores de riesgo asociados a la violencia de pareja, junto con las normas de género nocivas y las actitudes que justifican la violencia.

Que sea un factor de riesgo no significa que vaya a pasarte. Significa que vale la pena estar atenta, porque lo que se vivió como normal en la casa puede costar reconocerlo después. Si tienes dudas sobre tu relación, revisa nuestras señales de violencia en el noviazgo y, si necesitas hablar con alguien, la Línea 155 atiende gratis y las 24 horas.

Muchas de las ideas de la tabla de arriba se sostienen en lo que llamamos mitos del amor romántico: que el amor todo lo puede, que los celos son prueba de cariño, que sin pareja estás incompleta.

Lo bueno que también heredamos

No todo lo que aprendimos hay que soltarlo. Muchas también aprendimos de nuestras mamás:

  • La ternura y la capacidad de cuidar a otros.
  • El valor de tener plata propia y un trabajo.
  • La importancia de las amigas, las comadres y las vecinas como red.
  • La valentía de irse cuando algo ya no da más, en las que lo hicieron.
  • El humor para sobrevivir días difíciles.

La idea no es borrar la herencia, sino escoger qué te llevas.

Cómo revisar lo que aprendiste

  • Escribe tus frases. Haz una lista de lo que oías en tu casa sobre el amor, los hombres, la plata y el matrimonio. Al lado, escribe si hoy lo crees o no.
  • Mira tus patrones. ¿Hay algo que se repite en tus relaciones? ¿Te suena a algo que viste de niña?
  • Habla con tu mamá, si es seguro y quieres hacerlo. Preguntarle cómo aprendió ella el amor puede abrir conversaciones muy reveladoras. A veces descubres que ella tampoco quería repetir la historia de su propia mamá.
  • Habla con tus amigas. Te vas a dar cuenta de que no eres la única.
  • Busca acompañamiento psicológico si sientes que repites patrones que te hacen daño. Puedes pedir cita por tu EPS.

Y si quieres seguir con este tema, te va a interesar nuestro artículo sobre frases de crianza como “calladita te ves más bonita”.

Este es un tema que nos atraviesa a todas, y queremos leerte. Si quieres contarnos qué aprendiste del amor en tu casa, escríbenos en este enlace.

Preguntas frecuentes

¿Es cierto que repetimos las relaciones de nuestros papás?

Hay estudios que muestran una tendencia: la forma en que se trataban los papás y la calidez de la crianza se asocian con cómo nos relacionamos en pareja. Pero es una tendencia, no un destino. Darte cuenta es el primer paso para cambiarlo.

¿Hablar de esto es culpar a las mamás?

No. Nuestras mamás también aprendieron mandatos de género de sus familias y de su época, y muchas tuvieron menos opciones que nosotras. Revisar lo aprendido es mirar el sistema, no señalar a una persona.

¿Qué hago si crecí viendo violencia en mi casa?

Reconocerlo ya es importante. Haber presenciado violencia es un factor de riesgo, no una sentencia. Buscar acompañamiento psicológico puede ayudarte, y si hoy vives violencia, la Línea 155 orienta gratis las 24 horas. Si estás en peligro, llama al 123.

¿Cómo hablo de esto con mi mamá sin pelear?

Empieza desde la curiosidad, no desde el reclamo: pregúntale cómo era el amor en su casa o qué le enseñaron a ella. Y si la conversación no es segura o no está lista, está bien no tenerla.

¿Se puede desaprender lo que aprendimos de niñas?

Sí. Ponerle nombre a las ideas, hablar con otras mujeres, leer y, si lo necesitas, ir a terapia ayudan a construir otras formas de querer y de dejarte querer.

Fuentes

Arde Guapa es un espacio educativo y no reemplaza la consulta psicológica. Si vives una situación de violencia, busca orientación en la Línea 155 o con una profesional.

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