Síndrome del impostor: por qué hasta las jefas dudan

¿Por qué hasta las jefas sienten que son un fraude? Opinión con datos sobre el síndrome del impostor, sus raíces y lo que aportamos a las empresas.

Mujer directiva en una oficina

Que hasta las mujeres con más poder duden de sí mismas no es un defecto de fábrica: es lo que aprendemos en la crianza y en entornos donde somos pocas y nos miran más. En Arde Guapa creemos que la duda es real, pero lo que dicen los datos sobre lo que aportamos también.

Artículo de opinión. Datos y citas verificados a octubre de 2026.

Si la duda viene con ansiedad, agotamiento o pensamientos de hacerte daño, la Línea 106 del Ministerio de Salud orienta en salud mental, gratis, de forma confidencial y las 24 horas. Si hay riesgo inmediato, llama al 123.

Por qué escribimos esto

Este es un texto de opinión del equipo de Arde Guapa: cada cifra y cada cita tiene su fuente al final; las interpretaciones son nuestras.

¿Por qué las mujeres, sin importar el cargo, dudamos tanto? ¿Es cultural, es crianza, es qué? Y si dudamos tanto, ¿qué pasa cuando de todos modos llegamos? El origen del concepto y la evidencia de que se nos evalúa con otra vara ya los contamos en “¿Falta de confianza o exceso de exigencia?”. Aquí miramos quiénes lo han dicho en voz alta, de dónde viene la duda y cuánto pesamos de verdad en las empresas.

Hasta las que llegaron dudan

Varias mujeres poderosas han hablado en público de esa sensación de “en cualquier momento se van a dar cuenta”:

  • Michelle Obama. En Londres, en diciembre de 2018, durante la gira de su libro Becoming, dijo: “Todavía tengo un poco de síndrome del impostor”. Y añadió que esa sensación de que no deberían tomarla tan en serio “no desaparece”. Según CBS News, también contó que ha estado en “probablemente todas las mesas poderosas” y que quienes se sientan en ellas “no son tan inteligentes” (traducciones nuestras).
  • Sonia Sotomayor. La primera latina en la Corte Suprema de Estados Unidos dijo en un discurso anterior a su nombramiento, citado por el ABA Journal en 2009: “Siempre estoy mirando por encima del hombro, preguntándome si estoy a la altura” (traducción nuestra).
  • Sheryl Sandberg. La exdirectora de operaciones de Facebook dedica parte del capítulo 2 de Lean In (2013) a esa sensación de ser un fraude y temer que la descubran con cada éxito, según la guía de lectura de su editorial.
  • Shakira. En una entrevista con el periodista Enrique Acevedo, reseñada por El Tiempo en febrero de 2023, la barranquillera dijo: “Sufro un poquito de lo que dicen el síndrome del impostor”. Y lo leyó a su manera: “Quizá esa pequeña patología me mantiene motivada”.

Si a Michelle Obama y a Shakira les pasa, la duda no mide el talento.

Lo que dicen las encuestas

KPMG encuestó en 2020 a 750 ejecutivas de alto desempeño de empresas Fortune 1000 en Estados Unidos, a uno o dos pasos de la alta dirección. El 75 % dijo haber sentido el síndrome del impostor en algún momento de su carrera, y el 57 % dijo que lo sentía sobre todo al ser ascendidas o al cambiar de cargo. Es una encuesta de una consultora, sin grupo de hombres para comparar.

Y aquí va la parte honesta: no es “cosa de mujeres”. La revisión sistemática de Dena Bravata y su equipo, publicada en 2020 en el Journal of General Internal Medicine, analizó 62 estudios con 14.161 participantes. La prevalencia iba del 9 % al 82 %, según el instrumento usado. De 33 estudios que compararon por sexo, 16 encontraron más casos en mujeres y 17 no encontraron diferencia. La revisión también lo asoció con depresión, ansiedad y agotamiento.

Los hombres también dudan. La pregunta útil es por qué a nosotras nos dicen que el problema somos nosotras.

¿Cultural, de crianza o qué?

Nuestra respuesta: un poco de todo, y casi nada es individual.

Niñas que aprenden a temerle al error

Según la OCDE, en 70 países y economías que participaron en PISA 2018, las niñas de 15 años reportaron miedo a fracasar con más frecuencia y más intensidad que los niños. Hasta las de mejores resultados sienten más ansiedad ante las matemáticas, y la OCDE lo relaciona con estereotipos que persisten en la familia, el colegio y la comunidad.

Y empieza temprano: el estudio de Bian, Leslie y Cimpian (2017), que contamos en el artículo anterior, mostró que a los 6 años muchas niñas ya creen que “muy, muy inteligente” es cosa de niños.

El elogio que recibimos

Carol Dweck, psicóloga de Stanford, y Claudia Mueller publicaron en 1998 seis estudios con niños. A quienes elogiaban por “inteligentes” les iba peor después de fracasar que a quienes elogiaban por su esfuerzo, y tendían a ver la inteligencia como algo fijo.

Con cuidado: ese estudio no comparó niñas y niños, y la “mentalidad de crecimiento” se ha inflado. Dos metaanálisis de 2018 (Sisk y colegas) hallaron efectos pequeños de los programas que la enseñan. Queda una pregunta: si a las niñas se las celebra por “juiciosas” y por no equivocarse, ¿qué pasa el día que les toca arriesgarse?

Ser “la única” en la sala

En Men and Women of the Corporation (1977), la socióloga Rosabeth Moss Kanter estudió a las pocas vendedoras de una gran empresa. A esas mujeres en minoría extrema las llamó “tokens”: eran más visibles, cargaban más presión por su desempeño, quedaban aisladas y las empujaban a papeles de género. Para Kanter, eso venía de la proporción, no de rasgos de las mujeres.

Estudios posteriores matizaron que no solo pesan los números, sino también el poder. Pero si eres la única gerenta, cada error tuyo parece hablar por todas.

El peso del estereotipo

En 1999, Spencer, Steele y Quinn mostraron que mujeres muy preparadas rendían peor que hombres igual de preparados en un examen difícil de matemáticas cuando se les decía que esa prueba mostraba diferencias de género. Cuando se les decía que no, la brecha desaparecía. Lo llamaron “amenaza del estereotipo”.

Con honestidad: este efecto hoy se discute. Flore y Wicherts encontraron señales de sesgo de publicación en los estudios con niñas, y una réplica grande en Países Bajos no lo halló.

Que quede claro: la duda no es un defecto individual. Muchas veces es una reacción razonable a entornos que nos ponen más a prueba. La evidencia de ese doble estándar está en nuestro artículo sobre la exigencia.

El impacto real de las mujeres en organizaciones y negocios

Ahora, los datos más citados, con sus límites:

Dato Qué muestra Fuente
Empresas en el cuartil superior de diversidad de género en la alta dirección: 39 % más probabilidad de superar financieramente a las del cuartil inferior Correlación en 1.265 empresas de 23 países, Colombia incluida; no implica causalidad McKinsey, Diversity Matters Even More (2023)
Empresas con diversidad de género por encima del promedio: unos 200 puntos básicos de rentabilidad adicional en bolsa Correlación en más de 3.000 empresas de 46 países; sin afirmar causa y efecto Credit Suisse, Gender 3000 (2021)
Startups fundadas por mujeres: 78 centavos de ingreso por cada dólar invertido; las de hombres, 31 350 startups de una sola aceleradora en Estados Unidos; ellas recibieron menos de la mitad de inversión BCG y MassChallenge (2018)
Empresas fundadas solo por mujeres: 1,1 % del capital de riesgo en Estados Unidos Con al menos una cofundadora, el 27,7 %, pero inflado por dos gigantes de inteligencia artificial PitchBook (2025)
Micronegocios de mujeres en Colombia venden 39,9 % menos que los de hombres Ellas dedican 5 horas más al día al cuidado no remunerado DANE y Fundación WWB (2025)
Mujeres en juntas directivas de emisores de valores en Colombia: 27,4 % Solo 16 de 128 empresas tienen una mujer como CEO CESA, Club 30 % y WIC (2026)

Lo que hay que leer con lupa

  • Correlación no es causalidad. Puede que una empresa rentable promueva a más mujeres, y no al revés. McKinsey lo reconoce en su informe.
  • La réplica de Green y Hand. En 2024, los economistas Jeremiah Green y John Hand replicaron los estudios de McKinsey con empresas del S&P 500 y no hallaron una relación estadísticamente significativa con la rentabilidad. Ojo: revisaron la diversidad étnica y racial de los ejecutivos, no la de género, pero su crítica al diseño de McKinsey pone en duda la serie.

Nuestra postura: no deberíamos tener que demostrar que somos rentables para merecer un puesto. Pero estos datos no muestran que las empresas con más mujeres arriba rindan peor. La duda que cargamos no se corresponde con lo que aportamos.

Y en Colombia

Según el DANE, en 2023 había solo 55 mujeres propietarias de micronegocios por cada 100 hombres, y sus negocios vendían cerca de 60 pesos por cada 100 de ellos. El DANE lo explica por falta de tiempo, no de talento: el cuidado no remunerado. Si emprendes, mira nuestra guía de emprendedoras del Valle del Cauca.

En las juntas, el avance es lento pero real: del 15 % en 2018 al 27,4 % en 2026, según el CESA, que proyecta llegar al 30 % en 2030. Y en el sector público, la Ley 2424 de 2024 subió la cuota mínima de mujeres en cargos de máximo nivel decisorio del 30 % al 50 %.

Herramientas prácticas

Para ti

  • Ponle nombre a la duda. Si te llega justo después de un ascenso o un cambio de cargo, no eres la única: así lo dijo más de la mitad de las ejecutivas de KPMG. Pregúntate qué prueba concreta tienes de que no lo haces bien: muchas veces, ninguna.
  • Lleva tu registro de logros. Resultados, cifras y comentarios de otras personas. Cuando la duda hable, que conteste el registro. Te servirá también para negociar tu salario.
  • Busca redes y mentoras. Hablar con otras mujeres de tu sector normaliza lo que sientes y te muestra cómo funcionan de verdad los ascensos.
  • Pide ayuda si se vuelve pesado. Si la duda viene con ansiedad o agotamiento que no se van, busca apoyo profesional o llama a la Línea 106.

Para las organizaciones

  • Que nadie sea “la única”. Una mujer sola en un equipo carga una lupa encima, como vio Kanter. Promover en grupo reduce esa presión.
  • Criterios claros y por escrito para contratar, evaluar y ascender.
  • Patrocinio formal, no solo talleres de “confianza” para mujeres.
  • Corresponsabilidad en el cuidado: horarios flexibles y licencias para todos.
  • Medir y publicar cuántas mujeres hay en cada nivel y cuánto ganan.

Preguntas frecuentes

¿El síndrome del impostor afecta más a las mujeres que a los hombres?

No está claro: en la revisión de Bravata y colegas (2020), 16 estudios encontraron más casos en mujeres y 17 no hallaron diferencia.

¿Es culpa de cómo nos criaron?

En parte. La OCDE encontró que las niñas sienten más miedo a fracasar y lo relaciona con estereotipos. También pesa ser minoría en el trabajo y ser evaluadas con más dureza.

¿Es cierto que las empresas con más mujeres ganan más?

McKinsey (2023) y Credit Suisse (2021) encuentran una correlación, pero ninguno prueba causalidad y hay réplicas críticas.

¿Cuántas mujeres hay en juntas directivas en Colombia?

Según el CESA, en 2026 ocupamos el 27,4 % de los puestos en las juntas de 128 emisores de valores.

¿Qué hago si la duda me paraliza?

Lleva un registro de logros y busca redes y mentoras. Si viene con ansiedad o agotamiento persistentes, busca apoyo profesional o llama a la Línea 106, gratuita y 24 horas.

Fuentes

Este es un artículo de opinión del equipo de Arde Guapa. Las interpretaciones son nuestras; los hechos, cifras y citas provienen de las fuentes enlazadas, y las citas de textos en inglés son traducciones nuestras. Buena parte de los estudios se hicieron fuera de Colombia y no necesariamente reflejan nuestra realidad. Arde Guapa es un espacio educativo y no reemplaza la asesoría profesional, laboral, financiera ni psicológica. Las líneas de atención pueden cambiar: confírmalas en los canales oficiales.

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